Terry Richardson es un fotógrafo polémico. Una de las últimas portadas del Vogue para hombres ha desatado las protestas de algunas de las instituciones que luchan por los derechos de las mujeres en Estados Unidos.

Portada Vogue

La portada en cuestión es la que podéis ver en este artículo. El modelo Marlon Tereixa sujeta, con violencia dicen unos, con sensualidad dicen otros, a la modelo Stephanie Seymour, por la garganta con una mano y por un pecho con la otra.

Terry es una auténtica institución de la fotografía de moda. Es un inconformista que trata de romper con todo lo establecido y mostrar las imágenes más explícitas y eróticas (pornográficas y escandalosas según muchos) que se recuerdan. Es un fotógrafo que por no respetar, no respeta nada, ni siquiera las normas más sacrosantas de la fotografía de moda. Aparentemente sus sesiones parecen regadas de alcohol, y más que una dura jornada de trabajo, parece que son fiestas de amigos muy descontrolados. Es uno de esos que no cree en la seriedad de las cosas. Ni siquiera se toma en serio la muerte, como demuestran las duras fotografías de los últimos días de su madre.

Las cuatro instituciones que se han quejado formalmente a la editorial Conde Nast, han dejado escrito que

ahogar a una persona oprimiéndole el cuello no es una actitud propia del mundo de la moda, y por tanto no debería utilizarse para vender revistas.

No es una buena fotografía, pero no deja de llamar la atención. Sinceramente me parecen más escandalosas (y mejores) muchas de las fotos del maestro Helmut Newton, o alguna de algún político corrupto aceptando un soborno, o una que muestre los horrores de la guerra, o la de un futbolista escupiendo a un contrario, o una que ilustre la caza indiscriminada de focas o de tiburones...

La fotografía está ahí para mostrar el mundo interior de un autor. Y donde uno ven algo malo, otros ven un juego o una insinuación. Así son las cosas. Y muchas veces lo mejor es ignorar, pues si nadie hubiera dicho nada, esta fotografía menor de Terry Richardson habría pasado sin pena ni gloria. Y ahora nadie hablaría de ella. ¿Dónde pondríais el límite?

Por cierto, el reportaje interior en bastante mejor.