Desde que en 1839 Arago presentó la fotografía al mundo, uno de los temas estrella fue el paisaje (el otro fue el retrato). El nuevo invento permitió que la gente fuera capaz de ver con sus propios ojos los territorios que sólo podía imaginar al leer las descripciones de los que allí habían estado, o al contemplar las subjetivas pinturas de los artistas. Basta con ver los primeros grabados de la época romántica de la Alhambra y compararlas con las primeras fotografías del monumento granadino.

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En los albores de la imagen argéntica, la idea era plasmar el paisaje tal como era, pero pronto salió el espíritu aventurero de los fotógrafos e iniciaron largas caminatas con pesadísimas cámaras, y todo el laboratorio a cuestas, con la ayuda de caballos, mulas y carros, para buscar los puntos de vista más espectaculares de cualquier paisaje. Y esta idea de esfuerzo es la primera y más importante regla de la buena fotografía de paisaje. Desde luego que no hace falta, hoy en día, cargar con pesadísimos equipos, pero sí que es necesario salir con la idea de hacer algo original, de no limitarse a sacar la foto donde dicen los carteles, en los miradores de las carreteras, puestos ahí muchas veces porque era el único sitio posible donde se podía construir.

Estas fotos en los miradores son obligadas, por supuesto, no puedes pasar por el Pozo de la Oración en los Picos de Europa, y no disparar a la más espectacular visión que existe del Naranjo de Bulnes, pero siempre tenemos que intentar encontrar la mejor exposición (en la mejor hora) y composición (con el punto de vista más original) que te sea posible.

Los dos parámetros anteriormente mencionados los  vamos a  desarrollar para conseguir que nuestras fotos de paisaje sean mejores. Lo que pasa es que no son soluciones infalibles. Si las seguimos a rajatabla puede que realicemos mejores fotografías, pero casi seguro no seremos como Ansel Adams, lo más que seremos es nosotros mismos, y eso ya es bastante en fotografía. Para conocer a los grandes añadiremos un apéndice de los mejores fotógrafos de paisaje. Y para empezar, cómo enfrentarse a la fotografía paisajística.

Lo primero que tiene que quedar claro es que todos tenemos familia y amigos y, me imagino, queremos seguir conservándolos. El 90% de los viajes que realizamos los hacemos acompañados, y este hecho, por lo demás reconfortante, no es el mejor aliado para hacer las fotos como pretenden todos los manuales al uso. Éstos sugieren levantarse a primeras horas de la mañana, recorrer concienzudamente todo el territorio que queremos fotografiar para calcular cuál será la mejor hora, ir cargados con el trípode más pesado y cámaras de gran formato, volver a ese sitio a la hora que has previsto, montar el equipo y esperar las horas que hagan falta, con el clima que sea, para conseguir ese momento único e irrepetible que vamos a tener la suerte de presenciar y, después de todo nuestro esfuerzo, fotografiar. Seamos realistas y, sobre todo, clementes con nuestros acompañantes.

Todo lo que dicen estos manuales lo podemos cumplir si vamos solos, si tenemos todo el tiempo del mundo, y además tenemos vocación de mulas de carga. Desde luego que conseguiríamos los mejores resultados, pero se nos estaría olvidando lo más importante para el fotógrafo aficionado, que es disfrutar. La única manera de cumplir todas estas normas es salir a hacer fotos de paisajes dentro de nuestro entorno habitual, es decir, hacer las fotos en algún parque de nuestra ciudad o en los campos del pueblo al que solamos ir con frecuencia, o en la playa donde tengamos (qué suerte) un apartamento. En esta situación, podemos salir solos y dedicar todo el tiempo que queramos, sin molestar y sin ser esclavos del reloj. Además, esto nos permitirá un buen ejercicio visual, que es buscar imágenes originales en un entorno conocido. Seguro que descubrimos muchas cosas.

Y para nuestros viajes, nos basta nuestra cámara y la buena compañía. Fotografiaremos el momento que vivimos, con la luz que hay y con los medios que tengamos, así también haremos otro buen ejercicio, conseguir una buena foto aunque nos veamos limitados de tiempo y material, tal y como trabajan los reporteros de prensa. No hay nada más gratificante.