Durante lo que suponemos fue una tarde aburrida de Mayo de 2011, Shaun Winterton, entomólogo del departamento de alimentos y agricultura de California, estaba haciendo lo que parece ser un pasatiempo de entomólogos: ver fotografías de insectos por Internet. Tras unas cuantas imágenes, una de ellas llamó su atención: una crisopa verde que ya conocía pero con unas extrañas lineas negras y azules que nunca había visto.

Tras compartir la imagen con sus colegas, decidió contactar al fotógrafo, Guek Hock Ping, quien tras un intercambio de correos le contó que vio al insecto en las junglas de Malasia, el cual, desgraciadamente, tras una fotografía desapareció volando.

Un año después Guek volvió a contactar a Winterton con una buena noticia: había atrapado un ejemplar y lo tenia en un tarro en la cocina de su casa. El espécimen fue enviado a Londres, donde el entomólogo Steve Brooks confirmó que se trataba de una especie desconocida para la ciencia actual, nombrándola Semachrysa jade, en referencia al nombre de la hija de Winterton.

¿La moraleja de la historia? Esa foto de un insecto, una flor o un animal que no piensas que sea digno de tu photostream, tal vez y solo tal vez puede ser información invaluable para un tercero.

Fuente: NPR