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Los casos de plagio entre fotógrafos están a la orden del día y se multiplican a una sorprendente velocidad por varios motivos; probablemente el más importante de ellos sea la sensación del “todo está inventado” que persigue a artistas y profesionales de varias disciplinas. Tanto en el mundo de la música como en la literatura hay fragmentos de libros y canciones que son muy similares a otros que ya conocemos, pero es muy difícil definir cuáles de ellos son plagio y cuáles no. En la fotografía no iba a ser menos y a través de Petapíxel descubrimos un caso que es, cuando menos, curioso.

Un fotógrafo, de nombre Fielder, demanda a otro llamado Houston por haber plagiado una fotografía que a muchos de vosotros os sonará familiar: un autobús de color rojo destaca sobre los edificios monocromos de la ciudad de Londres. El juez Birss acaba dando la razón al demandante y obliga a Houston a pagar una indemnización.

Como podéis ver, las dos fotografías son sustancialmente diferentes, pero lo importante en este caso es que el tribunal no se centra sólo en el momento de tomar la imagen, sino en una serie de datos muy coherentes que justifican por qué una fotografía es un plagio de otra. Birss determina que el acusado copió una "creación intelectual" porque no sólo copia el momento de tomar la foto con un autobús como protagonista, sino que también ajusta la composición y, lo más importante, en el proceso de edición de la fotografía utiliza exactamente el mismo postprocesado que Fielder (autobús rojo, cielo completamente blanco y ciudad monocroma). A todo esto se le suma que Houston ya parecía conocer la fotografía de primero.

En definitiva, una fotografía que no es igual pero que es considerada plagio, ¿qué os parece a vosotros?, ¿estáis de acuerdo con la decisión del juez?