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A pesar de que las actividades de la empresa en el mercado se han sucedido con normalidad en los últimos tiempos, su gestión interna y todos los problemas derivados de ella se ciernen como una sombra sobre la empresa nipona y su valor en bolsa.

El último capítulo de este culebrón sin fin es la dimisión de Shuichi Takayama, presidente de Olympus, que sigue a la de Michael Woodford, el primer extranjero que asumía el cargo de presidente.

Takayama abandonará su puesto a finales de enero debido al escándalo por las irregularidades financieras de la compañía destapadas en octubre. Abogados contratados por la empresa han determinado que diez altos cargos de la compañía están involucrados en el fraude contable y los acusa de no haber hecho nada para evitarlo, sino todo lo contrario, ya que eran plenamente conscientes de los riesgos que asumían y la repercusión que sus acciones podían tener. El mismo documento redactado por los abogados exige a los causantes del daño la devolución de 90.000 millones de yenes (919 millones de euros).

El escándalo de Olympus se ha ido destapando a los largo de los últimos meses del año 2011, revelando importantes pérdidas económicas por valor de 117.700 millones de yenes (1.201 millones de euros) debido a actividades fraudulentas que llevaban perpetrándose desde los 90.

En los próximos días conoceremos al nuevo presidente, que probablemente será elegido entre los tres miembros de la junta directiva que no han sido acusados de fraude: Kazuhiro Watanabe, Masataka Suzuki y Shinichi Nishigaki.