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Steve McCurry, además de ser el fotógrafo que utilizó el último carrete Kodachrome, es un fotógrafo de guerra que se hizo famoso hace 26 años cuando, en 1984, en el campo de refugiados de Nasir Bagh, en la frontera con Pakistán, tomó la fotografía de una niña afgana que contaba con unos impresionantes ojos verdes que contaban la crudeza y la tristeza de una invasión soviética devastadora para su país que además la dejó huérfana.

En 1985 National Geographic publicó esta instantánea y a partir de ese momento se convertiría en todo un icono para la revista y para la cultura mundial reflejando el dolor de todos los niños que sufren guerras.

Ocho años después McCurry decide intentar encontrar a la niña y tras una búsqueda de 18 años llena de rumores que la convierten en un símbolo (se dice que es modelo, profesora de inglés de la familia de Ben Laden y buscada por la CIA), la encuentra en enero de 2002.

Se llama Sharbat Gula, regresó a Afganistán en 1992, tiene treinta años, es una mujer tradicional pashtún, casada y madre de tres hijas más una cuarta que murió cuando era pequeña. Su marido, con quien se casó a los trece años (poco después de su famosa fotografía) se llama Rahmat Gul y sus tres hijas Robina, Zahida y Alia. Steve ha tenido que contar con la ayuda del FBI, sistemas de reconocimiento facial e incluso un análisis científico del iris para asegurarse, pero ahí está, la ha encontrado.

Le pide que le deje hacerle un segundo retrato y ella accede a una sesión completa en la que posa junto a la revista con la portada de la famosa fotografía suya. Al final McCurry consigue un retrato de Sharbat que cuenta esta vez con una vida de 30 años en sus ojos, la tristeza se ha transformado en odio, ya no siente tristeza, solo dolor. Ella le dice que no sabía que su fotografía se había hecho famosa y que la vida ha sido larga desde entonces, le cuenta que el burka está presente en su vida desde que lo trajeron los talibanes a su país sin ley y que los bombardeos americanos no han cesado desde entonces.

La historia de Sharbat es una historia de la que conocemos un antes y un después, pero que no deja de ser una historia más de los millones de historias que podrían contar los millones de niños que compartieron y comparten su suerte.

Sin duda es una historia conmovedora captada en dos fotografías que nos hace a todos reflexionar sobre la crudeza y la brutalidad de las guerras y la mella que dejan en la vida de las personas inocentes que se ven atrapadas en mitad de estos conflictos.